La huelga es un derecho (y trabajar también)

Cuando se produce una huelga general en España solemos encontrar gente que ve razones suficientes para secundarla y gente que encuentra más productivo trabajar durante esa jornada. Ambas cosas son respetables y cada uno tiene derecho a hacer lo que crea más conveniente en una jornada de huelga. Los que secundan la huelga creen que tienen motivos más que suficientes para hacerlo, no por el hecho de que sea un derecho constitucional en nuestro país, que también, sino por la gravísima situación que se está viviendo en España donde los recortes ahogan a la población y no a políticos y a clases privilegiadas. Por otro lado están los que opinan que la huelga es innecesaria y perjudicial ya que no solo creen que afecta a los comercios que se ven obligados a cerrar en la mayoría de los casos  sino que también opinan que en los tiempos que corren, lo mejor es sacar el país adelante trabajando (los que puedan, por supuesto).

Ambos grupos tienen razón, es necesario sacar adelante pero también necesitamos una sociedad que proteste, que luche por sus derechos, que esté descontenta. Esas manifestaciones son las que nos abren los ojos para ver la realidad del malestar general presente en nuestra sociedad. Si todos decidiesen trabajar y no protestar, nos costaría más saber como se encuentra el pueblo y viviríamos ajenos a la realidad; además el simple hecho de salir a la calle presiona a los políticos a tomar me medidas de manera más urgente.

Pero dejando a un lado lo que unos y otros deciden hacer y que es más beneficioso para el país es interesante ver las posturas extremas que a veces alcanzan los que tienen diferentes opiniones acerca de la huelga. Al margen de lo que cada uno opine en este aspecto vemos como se origina una brecha entre ambas posturas y acaban convirtiéndose en posturas radicales. Los piquetes, en teoría informativos, hacen de mediadores entre los trabajadores y los sindicatos y su objetivo tiene que ser que la huelga sea un éxito persuadiendo (que no amenazando ni intimidando)  a los trabajadores para que no trabajen. Sin embargo algunos piquetes confunden informar con amenazar. Defienden el derecho a huelga pero algunos no aceptan el derecho al trabajo, lo cual es inaceptable. Cuando un representante del sindicato amenaza a los trabajadores para que la huelga sea exitosa deja de hacer bien su labor y actúa contra la libertad individual por no decir que viola los valores fundamentales de una democracia. Que los empresarios/trabajadores tengan que trabajar a escondidas o incluso verse obligados a cerrar sus negocios por miedo a que los piquetes recurran a la violencia no es solo antidemocrático sino que también es inadmisible y vergonzoso.

Y para muestra, un botón. En el siguiente video del medio Libertad Digital vemos como piquetes aparentemente estudiantes insultan y amenazan a una empresaria por no cerrar su negocio en el 14-N:

Por parte de los que no apoyaron la huelga también vemos posturas muy poco comprensibles. Basta con ver declaraciones de muchos de los políticos de la derecha despreciando lo que se supone ser un derecho y quejándose de ellas por el hecho de que se organizan al estar el PP en el poder, mientras que durante el gobierno del Zapatero no sucedían y las que habían tenían poco seguimiento. Sea o no sea verdad esto último no se puede uno burlar de estas manifestaciones, en primer lugar porque es un derecho como ya hemos dicho, y en segundo lugar porque están motivadas por una situación muy grave que ha llevado a que vivamos en un país totalmente hundido y con un futuro muy incierto y complicado.

Esta semana en el programa El gato al agua de Intereconomía intervenía como tertuliano el actor Arturo Fernández y soltaba unas declaraciones muy despectivas hacia los manifestantes mientras los demás tertulianos, seguramente todos de distintas ideologías como es habitual en este programa, ríen (hasta el minuto 1:08):

Y que decir de los policías. Obviamente pasa como en los dos grupos anteriores, no todos actúan de una manera tan radical, pero cada vez se están viendo más casos de abuso policial, detención de periodistas que hacen su trabajo y agresiones injustificadas. Cuando el policía utiliza la violencia injustificadamente (ya sea por decisión propia o por orden de sus superiores) y además va sin identificación, merece ser destituido de su puesto como mínimo.

Y con esto no digo que no haya manifestantes que provocan altercados; desgraciadamente en estas manifestaciones casi siempre se originan conflictos por culpa de algún manifestante que ‘olvida’ lo que es una manifestación pacífica o por grupos que se incorporan a los manifestantes para originar un conflicto. Aunque algunos aseguran que los propios policías se camuflan entre los manifestantes para provocar altercados:

Tras ver este tipo de comportamientos podemos estar seguros que cada vez que se organiza una huelga general en nuestro país está presente de todo menos los valores democráticos que deberían estar.

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