Archivo mensual: mayo 2011

Neutralidad y pluralidad

Se supone que la televisión pública de un país o comunidad autónoma está al servicio de los ciudadanos, para informarles de lo que sucede. Se supone que tiene que adaptarse a las “necesidades televisivas” de los habitantes que religiosamente la mantienen. Y se supone que debe ser neutral y plural, ya que la pagamos (o la pagan) entre todos, y no debe de dar ningún punto de visto concreto. Es decir, objetividad máxima.

En primer lugar, ¿es neutral nuestra televisión pública estatal?. La mayoría de los ciudadanos responderá que no, influidos por el tópico  de ser “la televisión del Gobierno”. Si esto fuese cierto, nos encontraríamos ante una situación grave, ya que atenta contra la libertad de expresión y el ejercicio libre de periodismo. Pero ya es demasiado tarde para frenar este tópico, más cuando el PP, tras la entrevista a Cospedal y sin olvidar que era víspera de elecciones, carga contra TVE criticando su falta de imparcialidad. Tenía que ser contra TVE, a la pobre mujer de le olvidó Telemadrid o Canal 9.

Yo no sé si la televisión pública (y la radio pública, por qué no) es totalmente neutral, pero sí que que me parece deplorable y cargada de hipocresía a la actitud llevada a cabo por los populares. ¿O es que acaso no recuerdan como se manipuló la televisión pública el 11-M?, tal vez pensaron que Al Qaeda se iba a quedar de brazos cruzados…

Lo que está claro es que La 1, y todos sus familiares (La 2, RNE, 24h…) han dado un paso de gigante en el tema de ser neutrales, igualando los minutos que aparece cada partido y últimamente, incluso protestando los presentadores en directo y en nombre de toda la cadena de que los principales partidos les impongan el orden en el que deben salir los partidos en vísperas de elecciones.

En segundo lugar, la pluralidad, que lo relacionamos con lo dicho sobre la igualación de minutos y con la entrada anterior. Ni las cadenas públicas ni las cadenas privadas son plurales. Noticias, especiales, análisis, reportajes… todo se lo llevan el PP y PSOE, y en menor medida CIU, PNV o IU. No estamos informados de lo que se cuece en otros partidos, no se interesan por mostrarnos que sugieren partidos minoritarios. Ni nuestra mentalidad centrada en los principales partidos ni el modo en el que la televisión pública se comporta dando información electoral cambia, y esto debe de solucionarse.

Ya lo dije yo, que este es un tema complicado y que da mucho que hablar. La neutralidad y la pluralidad tienen casi el mismo nivel de importancia; la primera, porque es esencial dar una información objetiva (cosa difícil) a los ciudadanos que no les haga sentir engañados y que por lo tanto, les permita conocer correctamente a los partidos políticos. Y la segunda, porque es el elemento fundamental y necesario para que los ciudadanos tengan la suficiente información de cada partido, sin discriminación, ya que en principio, todos cumplen una serie de normas que les permite estar en la lista electoral. Lo dicho, la pública progresa adecuadamente, pero necesita mejorar.

El bipartidismo lo creamos nosotros

Nos encontramos a una semana del 22M. Se trata del segundo acontecimiento electoral más importante de nuestro país (creo que las generales adquieren mayor interés e importancia) en el que decidiremos quién debe gobernar nuestras comunidades y nuestros ayuntamientos. Gozamos del privilegio de poder elegir a nuestros representantes, y sin embargo, en los últimos años, no nos damos cuenta de lo afortunados que somos pudiendo ir a depositar en una urna el partido político que nos gustaría que gobernarse. Existen multitud de opciones donde elegir a la hora de votar, muchos partidos de derechas, de izquierdas,  unos pocos menos de centro, y unos pocos demasiados de extrema derecha.
Sin embargo, muchos censados no logran ver estas opciones. Nuestra sociedad, la española, está acostumbrada a votar a uno o a otro, y sino le gusta ninguno, pues se queda en casa. Esta costumbre tiene que desaparecer. Los numerosos partidos que intentan hacerse un hueco en los parlamentos de las comunidades autónomas, ven cada vez más limitadas sus opciones de poder entrar en él. No podemos conducir nuestro voto sólo a dos opciones, o como mucho a tres. El bipartidismo existente en gran mayoría de las comunidades y municipios limita la democracia. Hace imposible que pueda desarrollarse un tiempo en el que pasen por el poder más de dos partidos.
Por supuesto, esto no debe de imponerse, ya que son los ciudadanos los que tienen que elegir a sus representantes. Lo que sí es necesario fomentar, es que, el abanico de posibilidades es más amplio de lo que pensamos, y aquí los medios de comunicación son los que deben se jugar su papel, y ser verdaderamente plurales. No podemos quejarnos de que los dos partidos principales (PP-PSOE) se estén criticando continuamente o de que se beneficien mutuamente, cuando somos los ciudadanos quienes siempre los elegimos a ellos, sin contemplar más posibilidades. Esto no quiere decir que tengamos que dejar de votar a los principales partidos, pero sí que tenemos que reflexionar nuestro voto, y no votar simpre lo mismo “por tradición”, o “por que el otro nunca ha salido y no está preparado”.
Pero si hay algo que me enfurece de manera exagerada, es aquella gente que dice que votar a partidos minoritarios, es tirar el voto a la basura. El voto, tanto si es al PP como si es a IU, tiene la misma validez, y no son votos perdidos. Los votos perdidos son los de la gente que prefiere quedarse en casa, sin ni siquiera ir al colegio a votar en blanco. La que critica a PP y a PSOE sin haber ido a votar ni haber puesto ningún interés. Por supuesto, no ir a votar es un derecho, igual que lo es votar, y no es reprochable ninguno de los dos hechos.
Ya lo dije yo que nuestro panorama político tenía que cambiar. Somos decisivos en el futuro de nuestro país, y el bipartidismo tradicional es un ejemplo más de lo clasistas que somos en nuestro país. En nuestra mano está si queremos que los partidos como IU, CDL o UPyD entren en los parlamentos españoles y puedan proponer ideas más allá de a lo que estamos acostumbrados.